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Cuando nos paramos a pensar, en la cosas que nos rodean, vemos que el cristal está en todas y cada una de ellas. La pantalla del ordenador, de la televisión, del teléfono, las gafas que llevamos puestas, el vaso de agua sobre la mesa… ¿Cómo viviríamos sin cristal?.

Es una pregunta de difícil respuesta, sobre todo si tenemos en cuenta que lleva miles de años entre nosotros.

¿Cómo y quién inventó el cristal?

Son muchos los estudios realizados, para conocer los orígenes de este material, sin el que claramente, hoy nada sería igual.

El historiador romano Plinio el Viejo, habla en su Historia natural, de la aparición de forma casual del vidrio, en Siria.

Habrían sido unos comerciantes fenicios, de natrón (compuesto de sal), los que una noche al no encontrar piedras para calentar su comida al fuego, echaron parte de ese compuesto. A la mañana siguiente, las piedras de natrón y la arena se habían solidificado, creando el material brillante.

Los fenicios, que eran un pueblo de comerciante, expandieron el hallazgo por todo el Mediterráneo.

Los primeros fabricantes de vidrio, fueron los egipcios, que lo usaban de forma meramente decorativa. Eran esmaltes vitrificados que coloreaban, llamados Fayenza y que imitaban los metales preciosos.

El imperio romano fue quien comenzó la técnica del soplado y la fabricación de forma masiva, de vidrios con usos decorativos, que han llegado hasta nuestros días.

Llegada la Edad Media, se continúo con la producción heredada, aunque entraron algunas variaciones, como el uso de plantas marinas, lo que hizo que el vidrio se tornara en verdoso.

El gran momento de este material, cuando nace el cristal que conocemos es en el Renacimiento.

El cristal de Venecia, adquiere la fragilidad y transparencia que lo hizo inconfundible. Su producción se concentraba en la isla de Murano y desde allí, hasta mediados del XVIII se exportó a todo el mundo.

 

puerto-murano

Puerto de Murano

 

Alemania fue el país que mejoró la fabricación, inventando nuevas técnicas y perfeccionando el material.

Bohemia (actualmente en la República Checa) fue la región, que consiguió la más altas cotas de prestigio, por la calidad de su cristal. Hoy continúa la fama mundial, del cristal de Bohemia.

 

Sin duda una larga historia, la de este material, al que por ser tan usual entre nosotros, no damos demasiada importancia.

Los avances en la fabricación, las técnicas aplicadas, tras años de estudio nos ofrecen, posibilidades infinitas en su uso.

Los profesionales del cristal, siguen encontrando grandes utilidades, para hacernos la vida más fácil.