Aunque nos puede parecer muy sencillo reciclar cristal, no lo es tanto, ya que su composición es distinta a la del vidrio, por lo que no debemos usar el mismo contenedor.
El vidrio está compuesto por materia inorgánica (arena de sílice, caliza y carbonato de sodio), todo ello fundido a 1500 ºC. Mientras el cristal lleva en su composición óxido de plomo, por lo que el contenedor verde, no es su lugar.
El contenedor gris es el que debemos usar para vajillas, espejos, cristales de puertas o ventanas, etc.
El proceso de reciclaje del vidrio y del cristal es completamente distinto, por ese motivo tener en cuenta la diferencia, entre estos materiales es fundamental.
Los hornos que reciclan el vidrio, están sujetos a una normativa muy exhausta, sobre todo en materia de emisión de gases contaminantes. La aparición de componentes del cristal, alteran el proceso y aunque en una pequeña cantidad no son preocupantes, si que suponen un problema en proporciones mayores.
Otra de las formas de deshacernos del cristal, puede ser llevarlo a un “punto limpio” también llamado Ecoparque, una alternativa que aunque nos puede suponer mayor molestia, sin duda es la más acertada. Una ventana, la luna de un coche, un espejo grande…No caben en el contenedor, por lo tanto dejarlos en el suelo o meterlos en uno de basura, no es la opción.
En un punto limpio de la ciudad, los operarios recogen todo ese tipo de materiales y los depositan en el lugar idóneo, asegurándonos así de estar haciendo lo correcto.
La importancia de reciclar se ha convertido ya, en algo asumido por todos, aunque en la mayoría de ocasiones lo hacemos mal, por desconocimiento.
Si en nuestro caso es el cambio de ventanas o acristalamiento, los especialistas encargados de este trabajo, realizarán ese reciclaje o nos aconsejaran sobre el mismo.
Proteger el medioambiente está en nuestra mano y si aprovechamos el ahorro energético, cuando hacemos una perfecta instalación, también estaremos sumando.